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¿Qué piensa la “Little Havana” de los cambios en Cuba?

Acabando los últimos videos antes de poder pasar unos días con la familia por Navidad. Estresadas con todo el trabajo y salta la noticia. Alan Gross, preso en Cuba, vuelve a Estados Unidos y Obama anuncia cambios en las relaciones con Cuba. A la misma hora, Raúl Castro habla. Un equipo de TV3 vuela desde Barcelona para Cuba. Nosotras, para Miami. Una vez más, no hay un planning a respetar en nuestras agendas, así es esta profesión. Además, ¿qué mejor que un par de días de sol y calor cuando ya no puedes con el frío de Washington DC?

Estamos en Cuba

Nada más llegar al aeropuerto tienes esa sensación. Sólo oímos hablar en castellano y empezamos a intentar imitar su acento cariñoso y dulzón… mi amol… ¿Hablar en inglés? No hace falta ni intentarlo. “Little Havana” es como estar en Cuba. Evidentemente hay diferencias pero yo, inmediatamente, me veo transportada a aquel viaje a la isla que hice en el 2008. Recuerdos, gustos, sonidos…

Nos dirigimos inmediatamente al Café VersaillesVersailles Restaurant. Centro neurálgico de la vida de los cubanos en Miami. Lo primero, las opiniones encontradas. Aquellos cubanos que se exiliaron en los años 60 y 70, aquellos que vieron sufrir a sus familias y perdieron a algunos, aquellos que lucharon contra esa dictadura, se sienten traicionados e insultados. Llegan incluso a decir que “Obama es un comunista” por más que expresiones como esa sigan sin tener sentido en mi cabeza.

Buscamos historias y las encontramos en los miembros del “Club de Versailles”. Son los párrocos del bar. Se reúnen casi cada día para hablar de la actualidad política, de su país y de su comunidad. “Pero, ¿qué ha dado Castro a cambio?” (…) “si nada cambia en la isla esto no sirve de nada” (..) “¿cómo vas a abrir a un país que oprime a su gente, que no la deja vivir? Todos caminan alrededor de los 80 años y son la viva muestra de aquellos que escuchan y miran con recelo lo que está pasando. Hay que acabar con el régimen, no se puede dejar todo igual a la isla y simplemente dejar entrar a los Estados Unidos.

Alfonso no ha vuelto en 30 años. “¿Para qué? ¿Para gastarme el dinero en cosas y ver a mi lado que mis compadres no pueden? No, mi hija, no. Eso es de vergüenza”.

Hablan entre ellos con más criterio y más argumentos que la gran mayoría de debates televisivos a los que estamos acostumbrados. Manuel luchó en la Bahía de Cochinos en el 1961 y estuvo 2 años encarcelado hasta que Kennedy los “cambió por 60 millones en medicamentos y comida para niños”. Servilio estuvo 9 años encarcelado después de ser arrestado junto con otros compañeros cuando pretendían atentar contra Castro en la Gran Asamblea General del 62. Nunca confesó ni fue un “chivato”, dice con orgullo. Igual que cuando nos cuenta que es uno de “los plantados”.

Y entre historia e historia, preguntas importantes: “¿Por qué ahora?”, dice Manuel. Saben que nada pasa porqué sí. “Todo es un tema económico. Mira como está todo lo del petróleo con Rusia y con Venezuela. Claro que toca un cambio en las relaciones con Cuba. Pero no porque a Obama le importen los derechos humanitarios sino porque en la situación actual es necesario. Ya lo verás”.

Tienen las cosas muy claras. Y tal vez todos estos cambios ayudarían a pensar que ahora tienen la oportunidad de volver a su país después de tantos años. Ni por asomo. Tienen claro que, a pesar de echar de menos a su patria, no volverán a pisar Cuba hasta que no se haya acabado con el régimen castrista y la opresión de su pueblo. Quieren volver a una Cuba libre. Si no, nada. Los miembros del Club de Versailles dicen con orgullo que ellos son los exiliados históricos. Son de los primeros que se fueron y son los que nunca han vuelto. Porque eso es lo que quiere decir exiliado, “no poder volver cada cierto tiempo para ver cómo están las cosas y que ahí no te pase nada”.

Los jóvenes son los que cambiarán las cosas

Tienen esperanza en el futuro y en el cambio pero les cuesta responder a si creen que algún día verán una “Cuba libre”. Y tienen claro que toca pensar en los jóvenes, ellos son la esperanza del cambio. Las nuevas generación que no están tan enganchadas en el rencor y que pueden mirar con más facilidad hacia delante y buscar nuevas vías.

Estos jóvenes también son lo que, en la “little havana”, ven con mejores ojos estos momentos históricos. Ven que por fin sus amigos y familias que están en la isla podrán tener acceso a cosas que hasta ahora les quedaban tan lejanas. O así lo esperan. Tienen claro que la sociedad cubana está llegando “al top”, que las cosas también tienen que cambiar allá, que nada puede seguir igual.

Aprovechamos para hablar con Jumiva mientras sirve unos cuantos cafés con leche evaporada (¡por fin un café en condiciones en este país!). Quiere que la gente de la isla sepa todo lo que ella pudo aprender fuera, porque quiere que también en Cuba se tenga acceso. Y cree que estos cambios ayudarán a ello. Su juventud acompaña a su esperanza y su positivismo. En lo que coinciden mayores y jóvenes es en que ahora toca empoderar al pueblo, darle los instrumentos para que puedan decidir por ellos mismos hacia donde quieren ir, que puedan cambiar también su historia. “Si estos cambios no llegan al pueblo, si en la isla no cambian cosas, todo seguirá igual”.

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